domingo, 11 de marzo de 2012

La tienda de "la Carmeli"

Hoy no os voy a hablar de ninguna anécdota de mi investigación, sino de la tienda de "la Carmeli". La cual lleva 46 años en el barrio, que se dice pronto, y más en los tiempos en que estamos. Esta tienda fue la impulsora del negocio de los veinte duros a finales de los años Setenta, aún recuerdo mi primera compra, un helicóptero de plástico blanco.

Hace unos días estuve charlando con la propietaria de dicho establecimiento, toda una institución en mi barrio: el Sector Sur. Me confirmaba la peor de las sospechas, el cese del negocio, al menos durante un tiempo. La lástima, es que tiendas como esta ya no quedan en un mundo donde predominan los bazares chinos.

Esta es la tienda, donde me encapriché de una cocinita cuando tendría 3 o 4 años y que no me compraron, de una muñeca que sí conseguí me compraran con 5 años, de un tren... de otras tantas cosas que Carmeli traía para los niños del barrio, sus precios no eran nada caros y siempre que ibas a la tienda salías con alguna cosa, ya fuera una libreta y ceras o un camión. Sería durante la década de los Setenta cuando Carmeli comenzó a vender juguetes, empezaba así la fantástica era de "los veinte duros" que tantas alegrías nos ha dado a todos los niños.

Recuerdo a Carmeli, a Lola su hermana, a la tía de ambas, Mercedes, todas ellas al pie del cañón durante los años del negocio, los escaparates tan graciosos donde lo mismo había unos calzoncillos que una botella de lejía, el papel de envolver con lazitos rosas que durante años han usado, la antigua máquina registradora, el olor a ambientador, la vez que oí la palabra "popó"..., los muchos libros de colorear que compré, son muchos recuerdos, y todos buenos.

Si algo caracterizaba a la tienda es la alegría con la que te atendían, pues no han sido pocas las veces que he ido a la tienda y he pasado junto a mi madre un buen rato compraras o no, además de salir con alguna que otra cosilla y de enterarte de alguna historia del barrio, son hechos que en los nuevos negocios, donde prima la impersonalidad no se producen, pero a mi por lo menos me encantaba ese ambiente familiar de la tienda.

Pero sin duda, lo que esta tienda deja entre nosotros, no es lo material, sino aquellos buenos momentos, las ilusiones por los juguetes del escaparate cuando llegaban las navidades, la ilusión de ir el sábado para ver lo nuevo que había traído Carmeli, a fin de cuentas eso es lo importante, los recuerdos imborrables que permanecerán inalterables en cada uno de nosotros.

Os dejo una imagen de Google Street View, donde aparece una de las entradas de la tienda, por la calle Pozoblanco.

Carmeli, calle Pozoblanco. Toda una vida, 40 años.